sábado, 26 de abril de 2008

EL MAR ERA UN LATIDO

MI VOZ

He nacido una noche de verano

entre dos pausas. Háblame: te escucho.

He nacido. Si vieras qué agonía

representa la luna sin esfuerzo.

He nacido. Tu nombre era la dicha;

bajo un fulgor una esperanza, un ave.

Llegar, llegar. El mar era un latido,

el hueco de una mano, una medalla tibia.

Entonces son posibles ya las luces, las caricias,

la piel, el horizonte,

ese decir palabras sin sentido

que ruedan como oídos, caracoles,

como un lóbulo abierto que amanece

(escucha, escucha) entre la luz pisada.


Con este poema se abre Espadas como labios (1932), segundo libro de Vicente Aleixandre. Tal día como hoy se cumplen 110 años de su nacimiento, en Sevilla.

martes, 22 de abril de 2008

AJEDREZ


El 22 de abril de 1899 nacía Vladimir Nabokov, aristocrático novelista y cazador de mariposas, creador de crucigramas y profesor de literatura, portero de futbol amateur y traductor al inglés de Pushkin. Pese a su fama de misántropo concedió gran número de entrevistas y en todas ellas se mostró por igual brillante y encantador.

"Lo que siempre me ha gustado en el ajedrez son las trampas, los trucos ocultos. Por eso abandoné las partidas y me dediqué a la composición de problemas. No dudo que hay un vínculo íntimo entre algunos espejismos de mi prosa y el tejido brillante y oscuro a un tiempo de los problemas de ajedrez, enigmas mágicos, cada uno de los cuales es fruto de mil y una noches de insomnio"

(Traducción de Lluis María Todó)

lunes, 21 de abril de 2008

EL FRANCOTIRADOR








Raymond Williams

Solos en la ciudad

Debate, 1997







Tal y como promete el subtítulo del libro, y el autor mismo explicita en la advertencia preliminar, este libro recopila "una serie de conferencias acerca de la novela inglesa desde Charles Dickens hasta D. H. Lawrence, que he ofrecido en los últimos siete años en la English Faculty de Cambridge". Raymond Williams se atreve incluso a poner fecha concreta al tumultuoso periodo que examina: de 1846 (año del inicio de la publicación por entregas de la "radicalmente innovadora" Dombey e hijo) a 1928 (año de publicación de El amante de Lady Chatterley), y en el intervalo se publica la obra de, ahí es nada, Charlotte y Emily Brontë, George Eliot, Thomas Hardy y Joseph Conrad. Solos en la ciudad propone un estimulante análisis de la novela anglosajona de la época -mediante fértiles glosas de los autores citados-, ante el problemático paso del campo a la ciudad que supuso la revolución industrial. Ya desde las primeras páginas, el autor no deja de llamar la atención acerca de los temas que orientan la intención rectora del libro:

"En qué consiste una comunidad, qué ha sido, en qué puede convertirse: cómo se vincula con los individuos y sus relaciones; cómo los hombres y las mujeres, directamente comprometidos, se ven a ellos mismos o van más allá de ellos mismos. Cómo dibujan, a veces a favor, pero con más frecuencia en contra de sus propias figuras, la forma de una sociedad" pag. 12

Siguiendo al pie de la letra los preceptos de la novela victoriana, para Jane Austen "los vecinos no son las personas que literalmente viven más cerca. Son aquellas que viven un poco más lejos pero a las que, en acto de reconocimiento social, se puede visitar". Un formidable salto cualitativo se produce a partir de Charles Dickens (1812-1870), que provoca una ruptura dentro de la historia de la novela no tanto porque otorgue por vez primera carta de naturaleza a los "humillados y ofendidos", sino porque en sus ficciones crea una nueva conciencia de "relaciones desconocidas e inadvertidas, conexiones profundas y decisivas, reconocimientos definidos (...) Se trata de vinculaciones reales e inevitables, de los necesarios reconocimientos y confesiones de cualquier sociedad humana, aunque se vean oscurecidas, complicadas y enmascaradas por la prisa, el ruido y lo variopinto de este orden social nuevo y complejo" pag. 37.

A continuación, Williams analiza brevemente la obra de las hermanas Brontë, donde las referencias a la crisis social se han visto a menudo ensombrecidas -sobre todo en Cumbres borrascosas (1847)- por una exhibición de la pasión amorosa, no en vano respecto a esta última se asegura que "no existe novela en la literatura inglesa que contenga tal intensidad y dimensión en los sentimientos". De George Eliot (1819-1880), pseudónimo de Mary Ann Evans y autora de obras maestras como El molino junto al Floss (1860) y Middlemarch (1872), se destaca la tensión surgida por la actitud insumisa de sus personajes entre "una idea de responsabilidad y coraje para la vida" y la realidad de un mundo "limitado y frustrante"

En cuanto a Thomas Hardy (1840-1928), que publicó entre otras Lejos del mundanal ruido (1874), El alcalde de Casterbridge (1886) y Jude el oscuro (1895) antes de dedicarse por completo a la poesía, se revela su verdadera personalidad, esto es, un "observador educado y participante apasionado en un periodo de cambio radical y general" y al tiempo "Hardy consiguió poner en el centro de sus novelas el proceso corriente de la vida y el trabajo. A pesar de su posición de observador cultivado, todavía toma la acción novelística de la vida ordinaria de sus compatriotas. El trabajo está presente en sus obras más decisivamente que en cualquier otro escritor inglés de comparable importancia" pag. 137

Respecto al imprescindible Joseph Conrad (1857-1924) la atención se centra en las obras de mayor contenido social como El corazón de la tinieblas (1899), Nostromo (1904) y El agente secreto (1907) y, así, Raymond Williams observa con singular agudeza: "Conrad alcanza a construirse completamente una identidad como novelista cuando imagina y crea a partir de su propia experiencia" para terminar finalmente emulando el poderoso estilo Joseph Conrad: "la soledad no es la condición del hombre, sino la respuesta, la respuesta trágica, a una acción y una historia (...) El mundo imaginado, único, fruto de una creación deliberada, el mundo ahora conocido del polaco inglés: Conrad el explorador, el incansable, el que atravesó los mares"

Por último, le llega el turno a D.H. Lawrence (1885-1930), autor entre otras de Hijos y amantes (1913) y Mujeres enamoradas (1920) del que con vocación sin duda polémica o subversiva se llega a afirmar: "fue el más dotado novelista inglés de la época" y sus novelas son "una especie de milagro del lenguaje".

Raymond Williams (1921-1988), de origen galés y ascendencia proletaria, pasa por ser uno de los más prestigiosos críticos culturales del pasado siglo que, dotado de una aguda capacidad de penetración bajo una óptica inequívocamente marxista, ha ido conquistando una posición tan excéntrica e irreductible como necesaria: la del francotirador. Y no desde otro lugar se puede ejercer la crítica literaria con la suficiente dosis de autonomía y la perspectiva adecuada (como recordaba Ignacio Echevarría hace poco más de una semana)


Hasta pronto

viernes, 18 de abril de 2008

EN ESTADO DE GRACIA






Pablo D'Ors
El estupor y la maravilla

Pretextos, 2007










Una propuesta tan arriesgada como El estupor y la maravilla resulta, en primera instancia, no sólo insólita sino un tanto intempestiva, pues hay que remontarse a mediados los años ochenta del pasado siglo para encontrar por estos pagos una obra con tamaña ambición, similares premisas y parecida enjundia (me refiero, por supuesto, a La dama del viento sur de Javier García Sánchez). En la triste situación actual de las letras españolas hay que saludar con el entusiasmo que merece una obra de estas características.

El estupor y la maravilla pasa por ser las memorias de Alois Vogel, vigilante durante veinticinco años del Museo de los Expresionistas de Coblenza. No exageraría en absoluto quien una vez leído el libro asegurara que la acción trascurre entre las cuatro paredes del imaginario museo. Acotando más si cabe el escenario por un prurito de exactitud, digamos que toda la novela acontece en la cabeza de Alois Vogel. El escritor que desdeña el argumento debe construir -con el fin de evitar el bostezo y persuadir al lector en su empeño- una voz narrativa seductora y poderosa a la vez. Pablo D'Ors lo consigue desde la primera línea

"Dicen que la tarea que desempeño desde hace veinticinco años -ser vigilante en un museo- es completamente inútil; yo no lo creo, no al menos completamente, y ello porque casi todo en este mundo necesita ser vigilado, al menos en ocasiones. No me refiero sólo a los presos en la cárcel, a los enfermos en el hospital o a los locos en los manicomios (gentes, todas ellas, que han de ser vigiladas más que cualesquiera otras), sino también a las fieras en el zoológico -que de alguna manera son vigiladas-; a los niños en la escuela -a los que se suele brindar más vigilancia que educación-; y, por supuesto, a los trabajadores de una empresa -a quienes no es infrecuente encontrar holgazaneando cuando no se los vigila-." pag. 15

Aunque contiene también el relato minucioso de una obsesión -el vuelo de una mosca, las arrugas del pantalón, una mancha de humedad en el techo, el taconeo de una misteriosa visitante- y una hermosa historia de amor en la edad madura, El estupor y la maravilla no esconde el propósito de realizar, sobre todo, un homenaje a lo insignificante, a lo trivial, mediante una radical exaltación de la mirada que llega al punto de parecer en algún momento casi una epifanía de la contemplación mística (aquí viene al caso recordar que, no en vano, Pablo D'Ors, además de escritor y colaborador en un suplemento literario, es sacerdote y teólogo)

"Cuando miramos algo mucho tiempo, sea lo que sea, terminamos por afirmar su fealdad e insignificancia, o incluso su ridiculez, Ahora bien, si ese mismo objeto o persona se mira durante mucho más tiempo, esa insignificancia y fealdad, ese inevitable ridículo, se trastoca misteriosamente en belleza y sentido" pag. 114-115

"Y es que he llegado a un punto en el que todo -hasta lo más pequeño, sobre todo lo más pequeño- me produce un hondo estupor. Ante cualquier cosa que vea, toque, guste, oiga o huela, me sobreviene la impresión de estar frente a una maravilla. Y eso es lo que he descubierto en estos años: el estupor y la maravilla" pag. 202

No debe pasar inadvertido el sesgo irónico y hasta humorístico de buena parte de los episodios narrados, entre los que resulta particularmente hilarante la controversia de la ventana del museo o el duelo de toses entre vigilantes de distintas salas. Por lo demás, es innegable el ascendiente de Kafka, Musil, Walser y Bernhard, es decir, de la mejor literatura centroeuropea del siglo pasado. El estupor y la maravilla sin embargo -frente a la atmósfera sombría, claustrofóbica y a menudo pesimista que preside la obra de los autores citados- posee un inconfundible carácter afirmativo, de celebración y acatamiento de la vida (y acaso esta sospecha de resignación o conformismo sea la única debilidad de la novela)

"En realidad, no creo que haya que moverse mucho para saberse vivo. Cuanto más nos movemos, más descubrimos lo muertos que estamos. Lo que he aprendido en el museo (...) es a estarme quieto. Todos nuestros movimientos a lo largo de nuestra vida tienen un único propósito: aprender a estarse quieto" pag. 272

Página tras página Pablo D'Ors, mediante un sutil entramado de impecable factura -tan liviano que se diría inexistente-, va levantando la frágil estructura de El estupor y la maravilla que, como un castillo de naipes prodigioso, se muestra al lector tras la última página en toda su efímera y majestuosa estatura.

"Lo que realmente me atrae -ahora lo sé- es ver a los hombres bajo el influjo de las obras de arte: en ese instante, como también -aunque de otra forma- cuando están bajo los efectos del enamoramiento o de la oración, hay en todo individuo algo que le hace único y conmovedor" pag. 195

Tal y como se dice en algún momento de la novela, "cualquier vida es insólita o estrafalaria vista desde fuera". Lo extraordinario, sin duda, es contarlo con la maestría de Pablo D'ors.

Un libro escrito en estado de gracia.


Hasta pronto
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(Para no deslucir la reseña dejo aquí aparcadas algunas reflexiones inoportunas, acaso, pero pertinentes)

Resulta cuanto menos desolador la exigua acogida que ha obtenido este libro entre la cada vez más mediocre y desorientada crítica literaria de este país. ¿Cómo es posible que haya pasado desapercibida -con la excepción de Ricardo Senabre en El Mundo- una obra de este calibre? o para ser más precisos ¿por qué los lectores de diarios de tirada nacional como El País o ABC o La Razón no han tenido apenas noticia de la publicación de El estupor y la maravilla? y por lo tanto ¿cual es la función -aparte de la publicitaria- que cumplen en la actualidad los suplementos, y por ende los críticos, literarios en España?

Resignémonos a repetir lo que memorablemente escribió Francisco Rico "pocas cosas, en los últimos años, más distantes de la literatura que la teoría y la crítica literarias"

jueves, 17 de abril de 2008

OSTRAS Y CHAMPAGNE



Hace 123 años tal día como hoy nacía en la localidad danesa de Rungsted la escritora Karen Blixen -más conocida por Isak Dinesen, nombre de pluma bajo el que publicó su célebre libro de memorias Out of Africa. Cuenta la leyenda que en su vejez sólo se alimentaba de ostras y champagne.

"En verdad llevamos máscaras según vamos envejeciendo, las máscaras de nuestra edad, y los jóvenes creen que somos como parecemos, lo cual no es el caso"

(Extraído del libro Vidas escritas de Javier Marías)

martes, 15 de abril de 2008

COMO UN ERIZO


El 15 de abril de 1878 nacía en Suiza Robert Walser, escritor que con el paso del tiempo se ha convertido en un clásico a pesar de sí mismo. A la edad de 51 años fue ingresado en el hospicio de Waldau tras un intento de suicidio y trasladado tres años más tarde al asilo de Herisau donde permaneció hasta su muerte en 1956. Durante uno de sus paseos con el también escritor Carl Seelig dejó dicho lo siguiente:

"La felicidad no es buen material para un escritor. Es demasiado autosuficiente. No necesita comentario. Puede dormir enrollada sobre sí misma, como un erizo. En cambio el dolor, la tragedia y la comedia están llenos de potencial explosivo. No hay más que prender la mecha en el momento oportuno. Entonces suben al cielo como cohetes e iluminan toda la región"

(Traducción de Carlos Fortea)

lunes, 14 de abril de 2008

ARQUEÓLOGO DE ESPUMAS








Tim Severin

El viaje de Simbad

Ediciones del Bronce, 2000






"El tiburón debió morder el anzuelo en las primeras horas de oscuridad de la noche anterior, pues el animal estaba totalmente exhausto en el momento en que advertí el tenso sedal de la caña de pescar al primer resplandor del amanecer. Con un clamoreo de triunfo, varios hombres corrieron hacia la barandilla del barco, cogieron la caña de pescar y comenzaron a tirar de ella rápidamente. Cuando la forma de torpedo del tiburón, de unos dos metros de largo, rompió la superficie del mar, el animal comenzó a revolverse de un lado a otro con desesperación, como asfixiado por la falta de aire. El agua se agitaba formando espuma alrededor del cuerpo sacudido del animal, y en el momento en que el sedal dejó de ser lo suficientemente fuerte como para sacarlo verticalmente fuera del agua, con cautela se lanzó en dirección al tiburón, que se retorcía, un palo largo provisto de un gancho improvisado en su extremo. El gancho resbalaba de un lado a otro sobre la piel húmeda y reluciente del tiburón, buscando uno de los orificios vulnerables, un ojo, una hendidura en una agalla, o la boca. Pero se cometió un error. Arqueándose con un estallido final de pánico, el tiburón arrojó todo el peso de su cuerpo contra el palo, como queriendo pasar por encima de la caña de pescar. El sedal en tensión se partió en dos debido al tirón y el tiburón cayó hacia atrás en el mar, quedando suspendido por un instante; luego, con un lento y exhausto bamboleo, volvió a hundirse en el océano" pag. 15

De esta prodigiosa manera comienza El viaje de Simbad, crónica de una travesía legendaria -de Mascate (Omán) a Cantón (China), pasando por Malasia, Singapur y Sumatra- en una embarcación a vela de nombre Sohar fabricada artesalmente con madera embastada -esto es, unida mediante cuerdas de fibra de coco-, tras la estela del célebre personaje de Las 1001 noches. Contra todo pronóstico la poderosa y vibrante escritura de Tim Severin en ningún momento desfallece, ni siquiera cuando pormenoriza las interminables jornadas de calma chicha navegando al sur de la Bahía de Bengala a la espera de los vientos monzónicos. El viaje de Simbad, por supuesto, puede leerse también como una estupenda novela de aventuras.

"En algunas ocasiones, las descargas eran tan cercanas que producían un estrépito sordo y penetrante semejante al restallido de un látigo gigante, y la embestida del rayo parecía explotar como una granada de metralla haciendo que brillantes trocitos de electricidad estática pasasen zumbando sobre el barco con una velocidad tremenda, de modo que uno libremente bajaba la cabeza para esquivarlos como si hubiesen disparado un cohete a través de la cubierta" pag. 252

A las pocas páginas de iniciada la singladura el lector ya se encuentra familiarizado con la intrépida tripulación del Sohar constituida a partes iguales por marineros omaníes originarios de la isla de Minicoy -"los camisas verdes"- y por científicos occidentales, a la manera de las expediciones europeas de exploración que proliferaron durante los siglos XVIII y XIX: el pícaro cocinero Shanby sustituido a mitad de travesía por Ibrahim, el experto timonel Abdullah, el audaz Peter Dobbs, "el abuelo" Jumah, o incluso el patoso y excéntrico fotógrafo Richard Greenhill. Asimismo Tim Severin y sus hombres tuvieron como compañeros de viaje desde grillos, moscas, cucarachas y ratones -a bordo del Sohar-, hasta delfines, atunes, tiburones o una desorientada golondrina:

"Era un ave pequeña y esbelta, con una cola en abanico bien formada, alas ahusadas, largas y estrechas, un cuerpo blanco moteado de manchas oscuras, piernas rojas y una cabeza redonda bastante cómica, con un delicado pico fino y romo. Por la noche, la golondrina de mar se situaba cerca del timonel, sobre la franja de luz emitida por su quinqué. Allí se permitía ser cogida y acariciada con mansedumbre, pero parecía incómoda, por lo que le dábamos agua fresca para beber y la dejábamos estar, una silueta acobardada y de brillantes colores expectante en la oscuridad" pag. 221

Quien lea este libro sabrá lo útil que es tener siempre a mano una cinta métrica o una caja de whisky y descubrirá el misterio del Cementerio de Elefantes en Sri Lanka. Quien lea este libro sentirá sin duda la brisa del mar en su rostro, conocerá casi de primera mano los aparejos de un barco de vela y acaso descubra al finalizar la lectura un regusto salobre en sus labios:

"Cuando el remolino de viento estuvo a bordo, dió lugar a una sensación breve pero extraordinaria. Éramos conscientes de la pavorosa velocidad del viento, imposible de calcular pues carecíamos de parámetros, de suerte que habia una sensación asombrosa, casi refrescante, en el aire, que debe haber estado girando en un círculo completo en torno al vórtice a dos o tres revoluciones por segundo. Nuestras mejillas fueron vigorosamente aguijoneadas por el rocío, primero una y después la otra en una sucesión rápida, cuando el vórtice nos pasó por encima y la dirección del viento cambió describiendo un giro de 180 grados (...)" pag. 272

Tim Severin es un viajero y escritor peculiar que, como relata Javier Reverte en el prefacio de este libro, "saltó a la fama cuando, en 1976, realizó con una embarcación fabricada de pieles de buey la travesía de Irlanda a Norteamérica, siguiendo las trazas de un mítico viaje de las leyendas gaélicas, el viaje de San Brendan". Desde ese momento y hasta el día de hoy ha emulado con éxito el itinerario de los viajes por mar de la gran literatura: The Jason Voyage: The Quest for the Golden Fleece, 1986 (El viaje de Jason: en busca del Vellocino de Oro), Tracking Marco Polo, 1986 (Tras la pista de Marco Polo), The Ulysses Voyage, 1987 (El viaje de Ulises), In Search of Moby Dick, 1999 (En busca de Moby Dick), Seeking Robinson Crusoe, 2002 (Buscando a Robinson Crusoe). Asimismo es autor de una serie de novelas históricas sobre vikingos y piratas. ¿Algún editor español se decidirá a publicar los libros admirables de este "arqueólogo de espumas" (1) y magnífico escritor que es Tim Severin?


Hasta pronto

(1) Gracias por esta feliz expresión a Antonio Rivero Taravillo, poeta, viajero y traductor.